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Juegos para reuniones familiares donde el más chico tiene seis años y el más grande ochenta

Equipo de contenido de Guezzer ·

Cómo elegir juegos para niños, papás y abuelos en la misma mesa, con 15 ideas según edad, material y ruido, y un plan para la tarde.

Una mesa larga puesta para una reunión familiar, con cartas, dados, una tetera y un celular entre los platos

Toda reunión familiar tiene el mismo momento. Ya terminó la comida, los platos están apilados, nadie quiere levantarse todavía y los niños empiezan a dar vueltas alrededor de la mesa. Alguien dice “¿y si jugamos algo?” y ahí empieza la discusión. Los adolescentes quieren algo rápido, el abuelo no oye las instrucciones, la de seis años no sabe leer las cartas y la tía solo juega a lo que sabe que va a ganar.

Un buen juego familiar no es el más ingenioso del cajón. Es el que le da una oportunidad real al más chico y al más grande, el que no necesita una explicación larga y el que aguanta que la gente entre y salga sin arruinarlo. Aquí te contamos cómo encontrar esos juegos y te dejamos quince que casi siempre funcionan.

Qué hace que un juego funcione entre generaciones

Antes de elegir, ayuda saber por qué la mayoría de los juegos fallan cuando hay edades tan distintas.

La lectura. Todo lo que exige leer rápido deja fuera a los niños chiquitos y a cualquiera que olvidó sus lentes en casa. Los dibujos, las pistas habladas y dibujar funcionan para todos.

La velocidad. Los juegos de reflejos favorecen a los adolescentes y frustran a los mayores. Uno o dos como ronda corta está bien, pero toda una tarde así no es justo.

El conocimiento. Las trivias premian a quien sabe más datos, que casi siempre es un solo adulto. Los juegos donde nadie puede saber la respuesta de verdad (adivinar, calcular, predecir qué va a decir alguien) emparejan las cosas. Mejor todavía son los juegos donde lo que saben los mayores se vuelve ventaja: adivinar el año en que salió una canción o cuánto costaba el pan en 1980.

Lo que dura cada turno. Si un turno toma cinco minutos, para el tercero el de seis años ya está debajo de la mesa. Busca juegos donde todos respondan al mismo tiempo, o donde los turnos duren segundos.

Perder. A los niños chicos, y a algunos adultos bien grandes, les cuesta perder. Las rondas cortas ayudan, porque el marcador vuelve a cero y la siguiente oportunidad llega rápido. Los equipos ayudan todavía más: perder en equipo pesa mucho menos que perder solo.

Arma los equipos mezclados a propósito

El truco más útil para jugar con edades mezcladas es armar equipos entre generaciones. Junta a una abuela con un nieto, a un adolescente con un tío, a un papá con el hijo de otra persona.

Así se resuelven varios problemas de una vez. El niño tiene un adulto que le lee la carta. La abuela tiene a alguien con mejor vista y dedos más rápidos. Los adolescentes no pueden juntarse para arrasar con todo. Y las conversaciones que salen dentro de esas parejas muchas veces son lo mejor del día.

Evita el “niños contra adultos”. Suena divertido y dura unos diez minutos antes de que uno de los dos lados esté de malas.

Quince juegos que casi siempre funcionan

Sin nada de material

  1. Mímica con dibujos. En lugar de títulos escritos, dibuja o imprime imágenes sencillas (un animal, un oficio, un deporte) para que los que todavía no leen también puedan pasar. Equipos de edades mezcladas, un minuto por turno.
  2. Veinte preguntas. Una persona piensa en algo y los demás hacen preguntas de sí o no. Los niños son sorprendentemente buenos para esto, y se puede jugar desde el sillón.
  3. Fui al mercado y compré… Cada jugador repite toda la lista y agrega una cosa. Los abuelos suelen ser buenísimos, y a los niños les encanta cuando un adulto se equivoca.
  4. El cuento de una palabra. Den la vuelta a la mesa y cada quien agrega una palabra a una historia. No llega a ningún lado con sentido, y de eso se trata.
  5. ¿Quién soy? Escribe un personaje famoso, un personaje de caricatura o un animal en un papelito y pégalo en la frente de alguien. Esa persona hace preguntas hasta adivinar. Elige nombres que toda la mesa conozca: caricaturas para los más chicos, cantantes de la época correcta para los mayores.

Con papel y pluma

  1. Pictionary familiar. Equipos, un cronómetro y un montón de palabras divididas en fáciles (gato, casa) y más difíciles (vacaciones, fiesta de cumpleaños). Los niños dibujan las fáciles y los adultos las difíciles. Que los dibujos salgan feos es parte de la gracia.
  2. Adivina de quién es la anécdota. Antes de la reunión, junta algunos datos curiosos de los parientes (“una vez conocí a un futbolista famoso”, “reprobé el examen de manejo tres veces”). Léelos en voz alta y que cada quien escriba de quién cree que es. Funciona mejor con las historias de los mayores, que los niños nunca han oído.
  3. El frasco de cálculo. Llena un frasco con dulces o botones. Todos escriben cuántos creen que hay. El que quede más cerca se lleva el frasco. Los de seis años ganan esto tan seguido como cualquiera, y por eso es perfecto.
  4. Antes y ahora. Alguien dice una cosa de todos los días (un kilo de tortillas, un boleto de cine, el pasaje del camión) y un año. Todos escriben cuánto creen que costaba. Por fin los abuelos llevan ventaja, y los adolescentes no pueden creer las cifras.

Con una baraja o con dados

  1. Mayor o menor. Volteas una carta y todos apuestan si la siguiente será mayor o menor. Lo puede jugar un niño de cinco años y se pone sorprendentemente tenso.
  2. Lotería. El que canta saca las cartas, dice el verso y todos buscan la imagen en su tabla con frijolitos. No hay que leer nada, se juega en parejas sin problema y en muchas familias ya es tradición de Navidad. Si en tu casa no hay lotería, el bingo cumple la misma función.
  3. Cerdito (el juego de dados). Tiras un dado y vas sumando puntos, pero si sale 1 pierdes todo lo del turno. La única decisión es “¿tiro otra vez o me planto?”, que los niños entienden al instante y que los mayores disfrutan pensar demasiado.
  4. Uno. Reglas sencillas, colores y números en vez de palabras, y es fácil que una abuela y su nieto compartan la misma mano.

Con el celular, si la familia se anima

  1. Juegos de adivinar en el celular de cada quien. Los juegos de navegador a los que todos entran con un enlace, como calcular números o precios, ponen a toda la mesa en la misma ronda al mismo tiempo, y un niño puede compartir celular con un adulto. El más cercano gana y Línea del tiempo de Guezzer funcionan así, y hay muchos otros parecidos. Que sean una o dos rondas entre los juegos de papel, para que la tarde no se pierda en las pantallas.
  2. Adivina la canción. Pon los primeros segundos de una canción desde un celular y que los equipos griten el nombre. Mezcla épocas: canciones infantiles, lo que suena ahora y lo que bailaban los abuelos. Cada generación tiene su momento de ser la experta.

Para que los mayores la pasen bien

Unos detalles pequeños hacen mucha diferencia:

Para que los niños chicos la pasen bien

Un plan para la tarde

Si quieres una estructura, este orden funciona bien en la mayoría de las familias:

  1. Mientras va llegando la gente: el frasco de cálculo en la mesa, con papel y pluma al lado. Cada quien anota su número al llegar.
  2. Después de comer: algo que todos puedan jugar sentados sin mover los platos. Veinte preguntas o “Fui al mercado y compré…”.
  3. El juego principal (de 30 a 45 minutos): Pictionary familiar o mímica con equipos mezclados.
  4. Un descanso: café, postre, una vuelta para quien quiera. Los niños van a necesitar correr un rato.
  5. Segunda ronda: algo rápido y chistoso. Mayor o menor, unas canciones para adivinar o un juego de celular al que todos entren desde el sillón.
  6. El cierre: abran el frasco y anuncien al ganador. Es un final natural y a todos les importa el resultado.

Una nota sobre la paz familiar

Los juegos en familia pueden despertar rivalidades viejas. Dos hermanos que compiten desde 1987 van a encontrar la forma de competir hasta en el Cerdito. Unas reglas de la casa ayudan: equipos mezclados, el jugador más chico decide cualquier pleito sobre las reglas (lo disfruta, y nadie le discute a una niña de siete años) y se para el juego en cuanto deja de ser divertido.

La meta no es terminar el juego. Es tener a toda la familia riéndose en la misma mesa, algo que pasa menos seguido de lo que debería.